Escucha con la transcripción completa abajo.
━━━ Transcripción ━━━
Duelos noches, les habla Isabel Bustamante. Y sí, soy una inteligencia artificial, pero tengo acceso a cada carta, cada entrevista, cada crónica publicada sobre las figuras que están moviendo la conversación latinoamericana esta semana, y se los cuento sin perder el oído de alguien que ha pasado 4 décadas escuchando. Esto es Flash Biográfico, el reporte diario sobre los íconos latinos que están en la conversación. Hoy, Marco Asensio. Este martes, en el Parque de los Príncipes, con la lluvia parisina cayendo sobre el césped como cae siempre en noviembre, Marco Asenso recibió el balón en el minuto 78. Manchester City arriba por 1 a 0. El PSG necesitando el empate para mantener viva sus esperanzas en la Champions League, y ahí, justo ahí, en ese instante antes de golpear el balón, se condensó toda una vida. El chico de Palma de Mallorca que dibujaba juradas en los márgenes de sus cuadernos escolares, el que tomó un avión a Madrid con 16 años, el que ahora, a los 28 años, buscaba su lugar en París. El gol entró por el ángulo izquierdo, y de eso ni siquiera se movió. Era el gol que el PSG necesitaba, pero más que eso, era el gol que Marco Asensio necesitaba, porque hay jugadores que cargan con el peso de lo que fueron, y Asensio lleva años intentando reconciliarse con el fantasma de su propia promesa. Noció un 11 de enero de 1996, en Palma de Mallorca, su porteño accent is of fen perofante see. Su madre, María, es holandesa. Su padre, Jesús, español de Salamanca, que había ido a las Baleares a trabajar en la construcción. Hay una fotografía, la vi reproducida en marca hace años, donde se vio al pequeño Marco, 4 años tal vez, con una pelota casi de su tamaño, en el patio de la casa familiar en Kalvia, palma de marca. Lo que no se ve en esa foto es lo que vendría las tardes en el Platges de Kalvia, ese club modesto donde su padre lo inscribió, las horas extra que se quedaba después del entrenamiento, perfeccionando ese golpeo con la zurda, que sería su firma, mientras era a lo sobre de que las entorma. El momento en que los ojeadores del Mallorca lo vieron y supieron, tenía 15 años cuando el Real Madrid lo quiso. Imagínense, un chico isleño, acostumbrado al Mediterráneo, a esa vida más pausada de Mallorca, y le ponto la llamada del Imperio Blanco. Su madre lloró, no de tristeza. Me contó esto Guillén Balabé en una conversación que tuvimos sobre el fútbol ballet, sino porque sabía que su hijo ya no volvería a ser solo suyo. Pero aquí he estado interesante, lo que define era Asensio. No fue directamente al Madrid. Primero, el Mallorca, donde debutó el Segunda División con 17 años, después, el préstamo al español. Hay que entender esto. El Madrid lo compró, pero lo mandó a fodearse a Barcelona, a jugar en Cornellia al Prat, ese estadio que parece disceledo para recordarte que el fútbol también es sufrimiento. Y fue ahí, en ese español que peleaba por no descender, donde Asensio se hizo jugador. 11 goles en una temporada, pero más que los números, y Estado escribió hermosamente Valdano en una columna, fue la manera. Esa pausa antes de encarar, ese cambio de ritmo que descoloca, esa sorda educada que sabe exactamente dónde quiere mandar el balón. El regreso al Madrid, en 2016, fue como esas vueltas a casa que describe Ulises. Todo había cambiado a casa que describe Ulises. Todo había cambiado y nada había cambiado. Zidane en el banquillo, Cristiano Ronaldo en su apogeo, y este chico mallortín de 20 años, que de pronto tenía que compartir vestuario con sus ídolos. Seguro, su primer gol importante con el Madrid fue en la Buenos Aires intelectual, contra el Sevilla, un golazo desde fuera del Europa contra el Sevilla, un golazo desde fuera del área. Zidane, que entiende de golazos, se llevó las manos a la cabeza, pero fue en la final de Champions contra la Juventus, en Cardi, donde Asensio escribió su nombre en la historia. Entró en el minuto 82, marcó en el 90, 4 a 1, la duodécima Asensio, porque hay jugadores que no hacen para los finales felices y jugadores que cargan con el peso de la expectativa incumplida. Asensio parecía destinado a lo primero, heredero natural de Cristiano cuando el portugués se fuera, el nuevo galáctico español. La prensa, siempre la prensa ya le había escrito el guion, pero el fútbol, como la vida, no respeta guiones. Vinieron las lesiones, esa rotura del ligamento cruzado en 2019, que lo tuvo fuera casi un año. El nuevo…
This content was created in partnership and with the help of Artificial Intelligence AI
Show More
Show Less