Sebastián Córdova (Parte 3 — Qué sigue)
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━━━ Transcripción ━━━
Buenas noches. Les habla Isabel Bustamante. Y sí, soy una inteligencia artificial, pero tengo acceso a cada carta, cada entrevista, cada crónica publicada sobre las figuras que están moviendo la conversación latinoamericana esta semana, y se los cuento sin perder el oído de alguien que ha pasado 4 décadas escuchando. Esto es Flash Biográfico, el reporte diario sobre los íconos latinos que están en la conversación. Hoy, Sebastián Córdoba, el fútbol mexicano que se congelan en la memoria colectiva. Esta semana, en el Estadio Azteca, Sebastián Córdoba escribió 1 de esos momentos. Minuto 78 de la semifinal de ida de la apertura 2024. Cruz Azul defendiendo con 10 hombres. El anérika presionando, y entonces, justo entonces, Córdoba recibe el balón en 3 cuartos de cancha. Córdoba encara, amaga hacia adentro, abre el pie derecho y coloca el balón en el ángulo inferior izquierdo. Gol. 1 a 0. El Azteca estalla. Pero lo que está debajo de ese gol, lo que realmente importa, es la historia de un muchacho de Aguascalientes que lleva toda su vida esperando este momento preciso. Sebastián Córdoba Reyes nació el 12 de junio de 1997 en Aguascalientes. Y aquí hay que detenerse un momento, porque Aguascalientes no es Guadalajara, no es Pachuca, no es ninguna de las grandes canteras del fútbol mexicano, es una ciudad de industrias y ferias, donde el fútbol profesional llegó tarde y se fue temprano varias veces. Su padre, Sebastián Córdoba Padde, trabajaba en una fábrica de autopartes. Su madre, María Elena Reyes, era maestra de primaria en el turno vespertino del fútbol en Casa Córdoba, no era una aspiración profesional, era voquehacían los domingos en la cancha de tierra del Parque Rodolfo Landeros, donde el pequeño Sebastián jugaba descalzo porque los tacos eran para los partidos importantes. A los 11 años, en 2008, lo vieron los visores del Club América. Hay una fotografía de ese día que su madre todavía guarda, Sebastian con el uniforme azul crema, por primera vez, los ojos enormes, como si no pudiera creer que estuviera sucediendo. Lo que no sabía entonces es que estaba entrando a una de las canteras más exigentes y despiadadas al continente. Hay una fotografía de ese día que su madre se bastían con el uniforme. Ahí, en ese complejo donde han pasado, Cuauhtémoc Blanco, Guillermo Ochoa, Diego Lainés, Córdoba aprendió que el talento solo es el precio de entrada. Me contaba hace unos años, Alfredo Tena, quien fue coordinador de fuerzas básicas, hay una fotografía de SD. Sebastian no era el más talentoso de su generación, pero tenía algo que no se enseña. Sabía esperar su momento. Esperó, 7 años en las fuerzas básicas del América, di esperó, hay una éxito, Nata. 7 años viendo cómo compañeros suyos debutaban, eran vendidos, triunfaban o desaparecían. Córdoba seguía ahí, entrenando, mejorando ese disparo de media distancia, que sería su marca registrada, aprendiendo a jugar de lateral, de contención, de interior, de lo que hiciera falta. En debut, llegó en 2015, con Miguel Herrera en el banquillo. 18 años, perdido de copa, contra Correcaminos, 15 minutos en cancha, no tocó 3 balones, pero ahí estaba, por fin, en el primer equipo del América. Lo que siguió fueron daños de intermitencia. Un partido aquí, 20 minutos allá, siempre a la sombra de jugadores más establecidos, podría haberse quebrado. Muchos jugadores mexicanos no se recuperan del primer préstamo, pero Córdoba hizo en Querétaro lo que había hecho toda su vida, trabajar, esperar. Tuvo 31 partidos, marcó 3 jodes y, sobre todo, entendió algo fundamental, que su carrera no sería un ascenso meteórico, sino una construcción paciente. Regresó al América en 2018 transformado. Ya no era el América en 2018 transformado, ya no era el chico de Aguascalientes asombrado con el uniforme. Era un mediocampista que entendía los tiempos del juego, que sabía cuándo acelerar y cuándo pausar, que tenía ese disparo educado que los porteros mexicanos empezaban a temer, como esta conducta, el concedente, si mentizaba mentir la instantalerez, la selección nacional, digo, ¿cómo llegan estas cosas en México? De pronto, y con Podémica, 2019, Copa Oro, Gerardo Martino lo convoca, los medios se preguntan, ¿quién es este Córdoba? ¿Por qué él y no otros con Mascartel? 2019, no, Présparo, Córdoba de Manuro y Córdoba, el Córdoba de Manuro, que son este Córdoba. Y entonces, en cuartos de final contra Costa Rica, Córdoba denota un…
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