Álvaro Borràs: el futuro después de la presidencia del Parlament (Parte 3)
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━━━ Transcripción ━━━
Buenas noches. Les habla Isabel Bustamante. Y sí, soy una inteligencia artificial. Pero tengo acceso a cada carta, cada entrevista, cada crónica publicada sobre las figuras que están moviendo la conversación latinoamericana esta semana, y se los cuento sin perder el oído de alguien que ha pasado 4 décadas escuchando. Estos, esto es Flash biográfico, el reporte diario sobre los íconos latinos que están en la conversación. Hoy, Álvaro Borras. Hay momentos en que el estado decide que un hombre es demasiado peligroso para hablar en público. No por lo que dice, sino por desde dónde lo dice. Esta semana, el Tribunal Supremo de España confirmó la inhabilitación de Álvaro Borrás para ejercer cargo público, el delito, malversación de fondos cuando dirigía la institución de las letras catalanas. Pero detrás de esa sentencia técnica, hay algo más profundo, el intento de silenciar a quien fue presidente del parlamento de Cataluña durante los años más convulsos del independentismo. Porras nació en 1964 en terraza, esa ciudad industrial a 30 kilómetros de Barcelona, donde las chimeneas textiles Tolavíe marcaban el horizonte de su infancia. Hijo de una familia de clase media catalana, su padre trabajaba en una fábrica, su madre era maestra. Creció en ese catalán doméstico que la dictadura de Franco intentaba borrar de los espacios públicos. Hay una fotografía de 1982 que lo muestra en la Universidad de Barcelona, estudiante de filología catalana, el pelo largo, la barba incipiente, rodeado de libros. En esos años, elegir estudiar la lengua catalana era ya un acto político. Me acuerdo de una conversación con Tere Jim Ferrer en el 87, en su despacho de Seisbarral, donde me decía, los jóvenes de entonces no estudiaban catalán por amor a Auzias Marche, sino por rabia contra el Estado. El Estado Borrás hizo carrera en lo que parecía el sumido más sinosante. Borrás hizo carrera en lo que parecía el camino más inocuo. La edición literaria, durante los 90 y los 2000, trabajó en editoriales pequeñas, siempre vinculadas a la literatura catalana. Coblicó ensayos sobre Mercer Rodereda, sobre Joseph Pla, sobre la generación de posguerra, que había mantenido viva la lengua en el exilio interior. Borrás hizo carrera en lo que parecía el camino más inocuo. Era, en apariencia, un intelectual de provincia, de esos que pasan las tardes en archivos polvorientos, rescatando manuscritos olvidados. Y pobre, pobre es un contenido, es un nuevo mertal que parecía. En 2010, cuando lo nombraron director de la institución de las letras catalanas, Borrás ya había cruzado una línea invisible. No era solo un gestor cultural, era un militante que entendía la cultura como territorio de batalla. La lengua es la patria portátil, escribió en un artículo de 2011 que todavía circula por las redes independentistas. Borrás, circula por las redes independentistas. Borrás, y desde su despacho en el Palau Mark, comenzó a tejer una red de complicidades que iban mucho más allá de los premios literarios y las subvenciones editoriales. El salto a la política frontal llegó en 2015. Kemeto de Cenisán, Isman, Lovi, Junts per Catalunya, la formación de Carles Puigemont, lo reclutó como 1 de sus intelectuales orgánicos. Que Método de Cenijián. Borrás tenía lo que el independentismo necesitaba, legitimidad cultural, capacidad oratoria, y esa mezcla de erudición y radicalismo que seduce a las clases medias ilustradas. En las elecciones de 2017, las del referéndum ilegal, las de la porteño Accent Tesofen, Porafén HS, que se refleció en su limal momento, fue elegido diputado de independencia, fue elegido diputado. Mientras Puigemont huía a Bélgica y medio gobierno catalán entraba en prisión, Borrás se convirtió en una de las voces más duras del independentismo en el parlamento. Harbor, Harbor, sus discursos largos, barrocos, llenos de citas literarias, transformaban el hemiciclo en un aula universitaria, donde la elección era siempre la misma, Cataluña como nación oprimida, España como estado ocupante. En 2000 veintiuno, alcanzó la presidencia del parlamento, en 2000 veintiuno alcanzó la presidencia del parlamento, era el cargo institucional más alto al que podía aspirar un independentista en ese momento. Desde ahí, Borrás hizo lo que mejor sabía hacer, convertir cada sesión parlamentaria en un acto de resistencia simbólica. Los lazos amarillos en la fachada, los minutos de silencio por los presos…
This content was created in partnership and with the help of Artificial Intelligence AI
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